Mostrando las entradas con la etiqueta prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta prosa. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de julio de 2012


No me gustan los domingos.
Es fin de semana y yo salgo por ahí a matar el tiempo, se dice que los domingos son para pasarlos en familia pero que familia puede tener este perro. Me parece algo muy pretencioso acostarse en el zacate, encima de una sabana de cuadros rojos a tomar vino con un libro de Borges en la mano y un emparedado en la otra. Yo nunca haría eso, a mi me gusta la cerveza, y nunca he leído a Borges, un parque no es un lugar indicado para leer. Hoy es domingo pero bien podría se lunes, nunca me han gustado los domingos, no soy una persona de exteriores, tampoco de interiores, pero si debo confesar que me gustan los campos abiertos, los valles, las mesetas, el campo, el desierto; ese sería un buen lugar para pasar una mañana de domingo, un extenso campo abierto, sin personas, con una botella de cerveza, y una pistola en la mano, solo para dispararla al aire, sin apuntarle a nada. Los domingos son la apostasía de la vida capitalista, de la vida acomodada, ordenada y tranquila, siempre he pensado eso, uno pretende que descansa, que se divierte aunque lo único que hagamos es eso: pretender, porque en realidad muchos de nosotros no tenemos ni idea de cómo divertirnos, no sabemos descansar o pasar el rato dignamente. Es temprano, el día apenas comienza y ya me estoy empezando a sentir desquiciado, el olor a smog, el ruido de los carros. Es domingo lo que significa que nadie está trabajando, solo la familia está en las calles, en los parques públicos, los jóvenes están aun en la cama sufriendo de resaca.  No sé que estoy haciendo aquí, me siento tan fuera de lugar, últimamente siento que no encajo en ninguna parte, que no quepo en ningún lugar. Tal vez sea tiempo de dejar esta ciudad pestilente y aburrida y salir a buscar mi destino de coyote en otro lugar, hoy es domingo y no puedo dejar de pensar en que en un día como este huiré de aquí sin decir nada, sin dejar rastro, para que luego me busque la policía y todos piensen que me han matado, huir  así con actitud de desquiciado.     

lunes, 18 de junio de 2012


El Perro


Afuera de mi casa habita un perro, es un perro muy tranquilo, le gusta tirarse al sol cuando hace frio y cuando hace calor se tira en los charcos de agua para refrescarse.  Es un perro paracaidista, no es mío pero vive en mi patio, de repente un día en que me tomaba un café el llego, me miro y se tiro a mis pies como cansado de caminar, como si por fin hubiera llegado a su destino, cuando desperté al siguiente día allí estaba, moviendo su cola y echando sus grandes orejas hacia tras, no pude echarlo de mi patio, quien podría echar a una criatura como esa tan indefensa a la calle, le serví un plato de comida y le llene un cacharro con agua fresca, su mirada decía gracias y la forma en que comía que tenía mucha hambre. No le he puesto ningún nombre, es el perro, así a secas, tiene una característica que lo hace muy peculiar, a diferencia de los demás perros  le caen muy bien los gatos, en eso nos parecemos de hecho yo soy una persona más bien de gatos no de perros, pero bueno este es diferente. Si, creo que me lo voy a quedar

martes, 5 de junio de 2012


Desdeño todo lo que es trabajo, los turnos de ocho horas, los horarios de oficina, no respeto para nada al hombre trabajador, lo compadezco. Me parece tan insípida esa clase, la trabajadora. Trabajar toda tu vida y luego morir cansado y aburrido ¡qué asco! preferiría morir de hambre en un callejón. Y no lo desdeño por qué no lo conozca, no, yo también he trabajado turnos de ocho horas ¡de diez horas! El único empleo que he podido sobrellevar es el de repartidor, de lo que sea, repartidor en moto, no importa el calor, la lluvia, el trafico, los conductores enojados, los accidentes, nada de eso importa, ni siquiera lo rutinario que puede llegar a ser el trabajo. Empacador, obrero, ayudante de serigrafía, lava carros, lavaplatos, cobrador, cajero, jefe de piso, un pelmazo, un pobre diablo ¿cómo llegar al fin de semana y sentirse orgulloso de sí mismo? ¿Cómo decir que no a la soga que cuelga del techo? ¿A la caja de pastillas?  ¿A la navaja enmohecida?